Imagina compartir un apartamento en un área desfavorecida de Los Ángeles con nada menos que Brad Pitt. Esto es exactamente lo que le sucedió a Jason Priestley, en un capítulo muy peculiar de su vida.
La relación entre Priestley y Pitt comenzó cuando compartieron una modesta vivienda de dos habitaciones. La situación se agravó cuando un tercer compañero de cuarto entró en escena, aportando al ambiente una dosis extra de desastre.
Un juego sucio
La higiene personal fue otro problema en aquel entonces. Los tres residentes de la vivienda participaban en un juego sórdido: competían para ver quién podía estar más tiempo sin ducharse. Finalmente, era Pitt quien ganaba esta competencia de resistencia.
Priestley, al rememorar esos tiempos, apunta con humor que duda que Pitt continúe participando en ese tipo de desafíos. Sin duda, han pasado muchos años y ambos han cambiado mucho desde entonces.
La nevera y la fama
Que nadie espere alarde de gourmet en la dieta de aquellos días. La nevera de aquel apartamento solía albergar únicamente cerveza. No fue hasta después de esa etapa, que ambos alcanzaron al estrellato. Pitt se hizo un nombre en Hollywood en 1987, mientras que Priestley se convirtió en un rostro conocido gracias a la serie Beverly Hills, 90210 en 1990.
A pesar de cohabitar solo por un breve período, Priestley y Pitt mantuvieron su amistad mientras su fama aumentaba.
Un regalo especial
Una anécdota especial de esa época es la Navidad de 1989. Pitt, tras visitar a su familia en Missouri, regresó con Biblias personalizadas para todos. Priestley aún conserva la suya como amuleto.
